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Resumen

Hace algunos años, cuando comencé mi práctica en clínica psicomotríz, tuve una experiencia con un niño que inmediatamente recordé cuando empecé a vislumbrar el tema de esta tesis. Esa escena quedó grabada en mi memoria, se fue asociando a otras vivencias similares con otros niños; se resignificó a la luz de los aprendizajes y los años de trabajo y colaboró como disparador en la elección de la temática y la elaboración de esta investigación.

Compartiré brevemente mi recuerdo del diálogo que sostuvimos con Vincenzo (de 6 años en ese momento). Iniciábamos la sesión de tratamiento psicomotriz. Yo estaba leyendo un libro sobre TDAH (trastorno por déficit atencional con hiperactividad) que dejé sobre la mesa. El nombre del libro era “El niño que no podía dejar de portarse mal” (Scandar, R.2014) y en su portada se observaba el dibujo de un niño en diferentes posiciones simulando un continuo movimiento.

Vincenzo ingresa a la sala, mira atentamente el dibujo de la tapa del libro, gira rápidamente su cabeza hacia mi y con gesto de sorpresa grita: ¡Soy yo Adri! ¿Cómo sabias? Señalando el dibujo agrega: ¡soy el niño que no puede dejar de moverse! Y ríe a carcajadas. Vincenzo fue uno de mis primeros pacientes, hoy tiene 18 años, pero su recorrido es muy similar al de otros niños con los que he trabajado. Niños donde el movimiento descontrolado irrumpe en la cotidianidad, dificultando su adaptación. Donde las emociones parecen estar a flor de piel y listas para esparcirse sin miramientos donde sea que algo los afecte.

He observado en mis años de trabajo otro grupo de niños; la contrapartida de los anteriores. Son aquellos que no pueden moverse, en donde las emociones se internalizan, el cuerpo esta sobreadaptado y la inhibición prima.

Llegan a la consulta: unos, “porque se mueven mucho”; otros, “porque se mueven poco”. Unos porque “expresan mucho y en forma desajustada”, otros porque “no expresan”. Niños con buenas herramientas cognitivas, sin deprivación socio-económico-cultural, y con familias presentes, que los acompañan, sin embargo manifiestan estos desajustes conductuales, algunos de gran intensidad.

En la práctica clínica, observo que la mayoría de los niños que consultan por desajustes en su comportamiento; como impulsividad e inhibición, presentan dificultades en la regulación afectiva y en las funciones ejecutivas (fundamentalmente en los procesos inhibitorios).

En la regulación afectiva la dificultad se observa mayormente en la capacidad de reconocer los afectos propios, en la capacidad para comprender el sentir y pensar del otro ( en el área de la percepción social y la mentalización), en la capacidad de modular la intensidad y expresión afectiva.

En las funciones ejecutivas las mayores dificultades se advierten en relación a los procesos inhibitorios, lo que en la clínica se observa a través del exceso de movimiento, su ausencia, o en la disarmonía, desorganización y o descontrol del mismo. Observándose afectada mayormente la inhibición del comportamiento y la flexibilidad cognitiva.

Se observa que estas dos variables (regulación afectiva e inhibición del comportamiento) se encuentran en la mayoría de los casos afectadas en su adecuado funcionamiento. Sin embargo, dependiendo de la vía de entrada al sistema de salud, se los deriva a una vertiente más neuropsicológica, intentando atender las dificultades en las funciones ejecutivas, realizando derivaciones a neuropediatras y psicomotricistas y desconociendo las dificultades en la regulación afectiva o viceversa; se los deriva a atención psicológica y se desconocen las implicancias que las funciones psicológicas superiores tienen en el desarrollo infantil y la regulación de su comportamiento.

El tema de la presente investigación es la relación entre regulación afectiva y el control inhibitorio del comportamiento en niños entre 9 y 12 años que consultan por desajustes conductuales del tipo internalizante (inhibición) o externalizante (impulsividad).

En el Capítulo 1: Marco Teórico, revisé los antecedentes bibliográficos y de estudios realizados sobre las variables en investigación y su posible relación. Posteriormente definí en ese capítulo la regulación afectiva para luego profundizar en esta noción y arribar al concepto de autorregulación, al de regulación diádica y a la diferencia entre emoción, sentimiento y afecto en relación a este tipo de regulaciones, tomando como base los planteos de la escuela francesa y la escuela psicoanalítica inglesa. Definí el concepto de mentalización como uno de los pilares de la constitución del self junto a la regulación del afecto. Profundicé en los componentes de las funciones ejecutivas para definir la inhibición y sus diversos tipos y clasificaciones, así como la flexibilidad cognitiva.

En el Capítulo 2: Marco Metodológico describo la metodología que utilicé, las técnicas aplicadas y el aspecto que valora cada técnica de las variables en estudio así como el tipo de investigación que realicé, sus objetivos y los procedimientos de recolección de datos realizados.

Luego en el Capítulo 3 realizo la presentación de los datos tanto cuantitativos como cualitativos hallados a través de la valoración de las técnicas aplicadas.

En el Capítulo 4: Discusión de Datos, realicé el análisis de los datos hallados a la luz de los contenidos teóricos explicitados en el marco teórico.

Finalmente en el Capítulo 5 expongo las Conclusiones de la investigación realizada.

Coordinador de proyecto
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Referencias Bibliográficas

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