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Resumen

El presente estudio consiste en una investigación de carácter exploratorio descriptivo, que pretende comprender las diferentes dimensiones presentes del vínculo en los procesos psicoterapéuticos a distancia. El análisis se enmarca en una metodología cualitativa con enfoque inductivo-deductivo, aplicando el análisis del discurso para explorar las dimensiones del vínculo que emergen en la experiencia psicoterapéutica a distancia. El abordaje cualitativo permite recuperar el sentido subjetivo de las narrativas de los entrevistados, identificando elementos discursivos que configuran el lazo psicoterapéutico en su complejidad afectiva, corporal e intersubjetiva.

El análisis de los resultados muestra que la psicoterapia a distancia no debilita el vínculo psicoterapéutico, sino que lo transforma mediante nuevas formas de afectividad, corporeidad e intersubjetividad. En lo afectivo, predomina una ambivalencia entre comodidad y pérdida de contacto directo, que se resuelve mayormente al subjetivar el medio técnico como mediador de presencia. En lo corporal, el cuerpo se desplaza hacia lo simbólico y lo escénico: desde la relajación e intimidad doméstica hasta la preocupación estética y ritualización del espacio, configurando nuevas formas de sostén. En lo intersubjetivo, los consultantes y psicoterapeutas reconstruyen el encuadre a través de acuerdos y cuidado del vínculo, donde la palabra, la mirada y la disponibilidad afectiva reemplazan la materialidad del consultorio.

Desde una lectura inductivo-deductiva, emergen coordenadas como comodidad, continuidad, intimidad y cuidado del encuadre, interpretadas como parte de un proceso de subjetivación propio de este dispositivo de intervención clínica. La tecnología aparece no como un obstáculo, sino como escenario de producción vincular, permitiendo la construcción de un espacio transicional compartido en el que la alteridad se sostiene aun sin proximidad física. Así, la práctica a distancia preserva la potencia clínica del vínculo y amplía las posibilidades de simbolización en contextos contemporáneos.

Se sostiene que la comprensión de las dimensiones del vínculo en los procesos psicoterapéuticos con dispositivos tecnológicos, contribuirá a la formación de psicólogos y psicoterapeutas. Se espera aportar desde la comprensión de lo que se produce en el vínculo psicoterapéutico mediatizado por dispositivos tecnológicos y contribuir a la construcción de una ética de las prácticas en psicología.

 

Palabras clave 
VINCULO, PSICOTERAPIA A DISTANCIA, TRANSFORMACIONES EN ENTORNOS TECNOLOGICOS

Coordinador de proyecto
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Resultados esperados

El análisis descriptivo (Mejía Navarrete, 2011) permitió derivar en enunciados empíricos acerca de las transformaciones vinculares en la psicoterapia a distancia. En la dimensión afectiva, los relatos muestran una ambivalencia emocional marcada por la comodidad técnica y la pérdida del contacto directo. Esta ambivalencia puede leerse, desde Bion (1962/2001), como expresión de ansiedades persecutorias y confusionales ante la fragmentación del campo perceptivo.

En la dimensión corporal, los psicoterapeutas describen el esfuerzo perceptivo y el cansancio mental ante la ausencia del cuerpo completo del otro.

En los relatos de los consultantes D, G y J, el cuerpo aparece relajado, en pijama o pantuflas, lo que expresa una nueva forma de intimidad y desformalización del espacio 57psicoterapéutico. Esta transformación no implica pérdida de seriedad, sino una redefinición simbólica del cuerpo como mediador del estar en el proceso psicoterapéutico. En contraste, los consultantes E y H sostienen una preocupación estética y de orden, lo cual sugiere una resistencia inicial al desdibujamiento de la escena psicoterapéutica tradicional. El control del fondo o la disposición física actúan como mecanismos de autorrepresentación y preservación del rol del psicoterapeuta.

Por su parte, los discursos de los consultantes F e I introducen la dimensión ritual del espacio físico elegido: el té, la puerta cerrada, la luz o la posición corporal se instituyen como símbolos estabilizadores del encuadre, sustituyendo el marco material del consultorio. De modo deductivo, puede inferirse que la corporeidad en la distancia física no desaparece, sino que se desplaza hacia lo simbólico y lo escénico, configurando nuevas formas de presencia.

En la dimensión intersubjetiva, las narrativas dan cuenta de un proceso de reconstrucción del encuadre, donde lo tecnológico oficia como vehiculizador de un espacio potencial. La búsqueda de un lugar común-compartido (“el consultorio virtual”, “la planta del mapa”) puede leerse, desde Kaës (2005) y Winnicott (1971), como intento de reinscribir el vínculo en una matriz transicional compartida.

Los consultantes A y D experimentan la psicoterapia a distancia como facilitadora, mientras que B y C muestran ambivalencia. Todos coinciden en que el dispositivo requiere cuidados específicos: privacidad, conexión estable y respeto por la palabra. La mirada pierde protagonismo, pero la transferencia se sostiene en el intercambio simbólico y la escucha. De todos modos la mirada y el rostro adquieren mayor relevancia para los psicoterapeutas principalmente, en tanto les permite, guiados por la observación clínica, apreciar los diferentes niveles de afectación a través de gestos y palabras de su consultante. Desde el análisis inductivo emergen representaciones comunes de comodidad, continuidad y contención emocional entre la modalidad a distancia y la presencial. En las narrativas de los consultantes D, E, G y J se repite la valoración positiva del espacio psicoterapéutico a distancia, como un ámbito de sostén emocional equivalente o incluso potenciador del proceso psicoterapéutico que se despliega espontáneamente. La dimensión afectiva revela una tensión entre distancia y proximidad, resuelta en la mayoría de los casos mediante la subjetivación del medio técnico, en tanto el dispositivo tecnológico deviene mediador de la presencia simbólica del psicoterapeuta.

Desde una lectura comparativa, los discursos analizados reflejan que el vínculo psicoterapéutico a distancia no se empobrece, sino que se transforma a partir de nuevas modalidades de afectividad, corporeidad e intersubjetividad.

El análisis inductivo permite reconocer regularidades discursivas (comodidad, continuidad, intimidad, cuidado del vínculo), mientras que el nivel deductivo posibilita comprenderlas como expresiones de un proceso de subjetivación en torno a la experiencia psicoterapéutica a distancia. En este sentido, la tecnología se constituye no como un obstáculo, sino como un nuevo escenario de producción de vínculo y de subjetividad, donde la presencia del psicoterapeuta y el consultante se sostiene en la mirada, la palabra y la disponibilidad simbólica más que en la materialidad del espacio.

En cuanto a la dimensión intersubjetiva se identifica la negociación frente a cómo se ponen en contacto para el encuentro psicoterapéutico. Los discursos muestran un tránsito desde la descripción empírica hacia la comprensión de los procesos intersubjetivos que sostienen la relación psicoterapéutica en la distancia. Los consultantes D, G y J destacan la fluidez del contacto, la flexibilidad del encuadre y la preservación del contrato simbólico (“ella me avisa unos minutos antes”, “si no puedo ir, aviso por WhatsApp”). Esto señala una reconfiguración cooperativa del encuadre, donde la reciprocidad y la confianza actúan como sostenedoras del vínculo. Algo que puede pensarse desde los postulados de Winnicott (1972) cuando menciona la necesidad de adaptarse a través de la acomodación del analista ante la necesidad de sostener a sus pacientes, incentivando una postura elástica como analista.

Por otro lado, F e I problematizan la asimetría de la llamada o la iniciativa, lo que metaforiza una alteración en la lógica de la presencia del psicoterapeuta: la ausencia física del consultorio requiere nuevas marcas simbólicas para sostener el rol del psicoterapeuta. Los discursos de E y H muestran acuerdos tácitos y cuidado del vínculo, lo que evidencia una ética de la presencia sostenida por la palabra y la mirada, incluso en la distancia mediada. Así, el vínculo intersubjetivo se construye como espacio en presencia simbólica, más allá del contacto físico.

Finalmente, en la etapa interpretativa, el análisis inductivo-deductivo permite articular los sentidos emergentes de los discursos con el marco teórico vincular. El vínculo psicoterapéutico a distancia no se empobrece, sino que se configura como un campo 59transicional nuevo, donde el cuerpo, la palabra y la tecnología se entrelazan a través de los sujetos y construyen la experiencia afectiva e intersubjetiva.

El trabajo psicológico en psicoterapia a distancia constituye una práctica remota que, lejos de suponer una pérdida, implica una transformación de los modos de estar con el otro. Los postulados de Berenstein y Puget (1997), conducen a pensar que el vínculo no depende de la proximidad física, sino de la capacidad de sostener la alteridad en un espacio compartido, aunque sea a distancia. El análisis realizado permite concluir que las tres dimensiones del vínculo se reconfiguran pero conservan su potencia clínica y simbólica. Así, el vínculo que se produce en el proceso psicoterapéutico a distancia se presenta como una configuración en la que lo afectivo, lo corporal y lo intersubjetivo se articulan en nuevas coordenadas simbólicas. El espacio digital, lejos de empobrecer la experiencia analítica, amplía las posibilidades de simbolización y sostén subjetivo, reafirmando la vigencia del dispositivo clínico en contextos contemporáneos.

El campo teórico se encuentra en constante desarrollo, por lo que los conceptos sobre presencia a distancia, cuerpo simbólico o afectividad en la distancia no poseen consenso académico pleno, generando márgenes interpretativos amplios. Siguiendo a Mejía Navarrete (2011), la reducción de datos implica ordenar, seleccionar y clasificar la información para hacerla manejable. En esta investigación, las unidades temáticas se organizaron según las tres dimensiones vinculares. Para mayor visualización de la Discusión de Resultados Conjunta (E/P y E/C) y con algunos Referentes Teóricos, se presenta la tabla 3 en el apéndice.

Asimismo, el análisis discursivo permite observar que las transformaciones introducidas por la modalidad de la psicoterapia a distancia, no suponen una pérdida del vínculo, sino una reconfiguración de sus coordenadas. La dimensión afectiva (tomada para el análisis como subcategoría) se sostiene mediante acuerdos y condiciones de privacidad, dejando entrever allí las interrelaciones entre las subcategorías. La corporalidad se flexibiliza y la intersubjetividad se resignifica a partir del cuidado mutuo y la adaptación al medio tecnológico. Estos resultados muestran que la presencia simbólica y la intencionalidad comunicativa mantienen su eficacia psicoterapéutica más allá de la presencia física. El análisis del discurso revela la complejidad afectiva y simbólica del vínculo psicoterapéutico en la distancia física. Desde la dimensión afectiva, algunos de los entrevistados refieren inicialmente vivencias de estrés y ansiedad asociadas a la incertidumbre tecnológica, que progresivamente se transforman en confianza a medida que se consolidan los acuerdos y el encuadre. Este pasaje puede leerse como un proceso de simbolización que permite tramitar la angustia inicial, lo que remite al concepto de sostén (holding) en Winnicott (1960), donde el encuadre cumple función contenedora. Aun en la distancia, la palabra opera como vehículo de la afectividad y reemplaza la acción física del abrazo. La disposición afectiva del analista se mantiene como núcleo del vínculo, validando que la mediación tecnológica no suprime la presencia emocional sino que la transforma. Algunos de los entrevistados reconocen una sensación de mayor frialdad manifestando que: “el vínculo es más frío a través de la pantalla”. Desde una lectura inductiva, emergen significantes asociados a la necesidad del encuentro, la presencia afectiva con su correspondiente resonancia a sostenerse en el vínculo más allá de la distancia física. Desde un enfoque deductivo, el discurso puede interpretarse en función de las teorías del vínculo propuestas por Kaës (2005) y Puget (2019), quienes sostienen que el lazo intersubjetivo es un espacio de co-construcción afectiva. En este sentido, los resultados muestran cómo el dispositivo psicoterapéutico mediado por lo tecnológico modifica, pero no elimina, la función contenedora del vínculo psicoterapéutico.

Se describe, por parte de los entrevistados, una progresiva naturalización del encuentro psicoterapéutico mediado por la tecnología y por tanto a distancia física. Esto puede interpretarse como un proceso de simbolización del vínculo, donde el afecto se sostiene en la calidad de la escucha y la disponibilidad del psicoterapeuta. En términos de Bion (1962), la función continente se mantiene activa, generando un espacio psíquico compartido que posibilita la transformación de las emociones primitivas en pensamiento. En la dimensión afectiva se mantiene la potencia simbólica, incluso mediada por la tecnología. El afecto no depende del contacto corporal directo, sino del intercambio significativo y de la presencia simbólica del otro.

En la dimensión corporal, se destaca la ausencia del lenguaje no verbal, lo que impone nuevas formas de lectura del otro. Se introduce un tipo de corporeidad mediada, donde el cuerpo se vuelve imagen y proyección simbólica más que presencia tangible. La mediación tecnológica modifica la percepción del cuerpo y del gesto, produciendo un desplazamiento de la contención corporal hacia una contención simbólica. Algunos 61psicoterapeutas entrevistados enfatizan la neutralidad del espacio y la construcción flexible de un encuadre situacional, como una forma de presencia simbólica.

Desde un enfoque psicoanalítico, puede entenderse que la corporalidad se configura a través del encuadre establecido, mediado por la tecnología, en tanto el cuerpo del psicoterapeuta y del consultante se inscriben en una escena mediada por la imagen y la voz. La corporeidad simbólica y espacial opera como sostén del vínculo, posibilitando la presencia en ausencia física. Se reorganiza simbólicamente en función del contexto doméstico y del control sobre la imagen. Se observa que el cuerpo en la pantalla se convierte en un signo discursivo, una narrativa de sí mismo que se adapta a las condiciones tecnológicas.

En la dimensión intersubjetiva, emergen elementos de confianza, intimidad y resonancia afectiva. El vínculo a distancia se sostiene en acuerdos explícitos, en la constancia y en la implicación subjetiva de ambos. Se observan transformaciones en el campo vincular: el ingreso del hogar y del entorno cotidiano del consultante amplían la escena analítica, generando nuevos efectos en la presencia.

El discurso de los entrevistados muestra que el trabajo clínico a distancia no anula el vínculo, sino que lo configura. El espacio psicoterapéutico a distancia actúa como un nuevo dispositivo simbólico que exige flexibilidad técnica y emocional, pero que preserva la posibilidad de resonancia y de encuentro subjetivo. Se evidencia la permanencia de los ejes fundamentales del vínculo psicoterapéutico incluso en la distancia física. En la dimensión afectiva, la distancia física no opera como obstáculo sino como un nuevo modo de presencia. En la corporal, el cuerpo se traduce en voz, mirada y atención, dando lugar a una presencia simbólica que sostiene la transferencia. En la dimensión intersubjetiva, el encuadre se vuelve más flexible y compartido, mostrando una dinámica de co-construcción del sentido.

Lo que se produce en el vínculo es confianza, resonancia afectiva, involucramiento vivencial/experiencial, acuerdos de pertenencia y efectos de presencia. Dialogando con el marco teórico y los postulados de Janine Puget (2009/2015) el encuentro en el proceso psicoterapéutico a distancia sufre las transformaciones propias del vínculo, considerando sus singularidades y encontrando efectos de presencia en él.

Los resultados obtenidos permiten ser puestos en diálogo con el concepto de espacio transicional como lugar de creación, tal como fue desarrollado por Winnicott (1971), 62entendido como una zona intermedia entre la realidad psíquica y la realidad externa, en la cual el sujeto crea y atribuye sentido a la experiencia con el otro significativo. En este sentido los hallazgos sugieren que, en la psicoterapia a distancia, dicho espacio no se encuentra dado de antemano por el dispositivo tecnológico, sino que se configura progresivamente a partir del trabajo vincular.

En los relatos analizados se observa que los consultantes ponen en juego un encuadre interno (Puget, 2012), que se expresa en una serie de acciones orientadas a posibilitar el encuentro psicoterapéutico. Tales como la organización del espacio físico a través del cuidado de la privacidad, el ajuste de la cámara, la regulación de interrupciones o el manejo de la conexión. Estas prácticas, lejos de reducirse a aspectos técnicos, pueden ser comprendidas como manifestaciones de un trabajo psíquico que apunta a sostener condiciones de continuidad, mutualidad y reconocimiento del otro. Desde una lectura winnicottiana, estas acciones pueden pensarse como intentos de recrear la ilusión necesaria que permite vivenciar al otro como real en un contexto mediado.

Asimismo, los resultados dialogan con la distinción propuesta por Puget (2009; 2012) entre presencia física y efecto de presencia. Mientras la presencia física remite a la copresencia corporal en un mismo espacio material, el efecto de presencia alude a la vivencia subjetiva de disponibilidad, implicación y alojamiento afectivo por parte del otro. En los tratamientos a distancia, los datos sugieren que la pantalla puede operar como soporte de este efecto de presencia, siempre que exista una trama transferencial suficientemente sostenida que permite que el consultante experimente la alteridad como efectiva. Por su parte, la creatividad, entendida por Winnicott (1971) como condición para una experiencia vital y subjetivamente significativa, adquiere relevancia en la comprensión de estos conceptos. Los hallazgos permiten pensar que tanto consultante como psicoterapeuta participan activamente en la creación de un espacio posible dentro de un medio inicialmente ajeno, estableciendo reglas, ritmos y modalidades singulares de encuentro. En tal sentido, lo transicional puede ser concebido como un territorio construído en el vínculo, más que una propiedad del dispositivo técnico.

Desde esta perspectiva, la presencia mediada tecnológicamente no se presenta necesariamente como una presencia empobrecida, sino como una modalidad diferente de presencia, sostenida por efectos de presencia que emergen del trabajo vincular y de la confianza construída en el tiempo. En consonancia con los aportes de Winnicott, los resultados refuerzan la idea de que no es el espacio físico en sí mismo el que garantiza la 63experiencia psicoterapéutica, sino la posibilidad de habitar ese “entre” donde la creatividad de la díada permite que el encuentro sea vivido como significativo.

 

Problema de investigación y justificación

Las intervenciones psicoterapéuticas a distancia plantean nuevos desafíos e interrogantes, acerca de los cambios en los vínculos mediatizados por dispositivos tecnológicos. Se plantea explorar el vínculo que se produce en la psicoterapia a distancia. Investigar sobre la producción de este vínculo implica cuestionarnos acerca de las particularidades diferentes o iguales a la presencialidad, qué aspectos de ese vínculo se ponen en juego y cómo, la caracterización de ese vínculo permitiría un conocimiento de lo que allí sucede, ajustando las particularidades teórico-técnicas del mismo en el proceso psicoterapéutico a distancia. Esto facilita un aporte en referencia a un vacío de conocimiento en dicho campo.


2.1 Preguntas de la investigación

2.1.1 En relación con la dimensión afectiva
¿Cómo se sintió en la atención a distancia durante el proceso psicoterapéutico? Las emociones que predominan en el encuentro psicoterapéutico a distancia, acercándonos a la clínica de lo situacional, la huella del proceso vincular, así como a lo novedoso que surge y las resonancias afectivas propias del proceso psicoterapéutico a distancia.

2.1.2 En relación con la dimensión corporal
Se problematiza en torno a ¿cuáles serían los efectos de presencia que se pondrían en juego en la psicoterapia a distancia?, es decir en referencia a la fortaleza yoica, el funcionamiento psíquico, las condiciones del escenario en el que se produce la escena, desde lo vincular o el espacio a ser habitado por ambos, psicoterapeuta y consultante?

En la psicología clínica contemporánea se observa una reconfiguración de las prioridades, en un contexto donde se cuestiona si la palabra está perdiendo centralidad frente al creciente predominio de las imágenes. Este escenario exige reconsiderar el lugar del cuerpo en el espacio psicoterapéutico y analizar las implicancias que ello conlleva para la práctica psicoterapéutica. En este sentido, cabe preguntarse si las imágenes operan hoy como nuevos símbolos de mediación entre los sujetos del vínculo.

2.1.3 En relación con la dimensión intersubjetiva
Se plantea considerar la problematización de aquellos aspectos relacionales, priorizando identificar los acuerdos que se promueven en los vínculos mediatizados por la tecnología. Esto lleva a interrogar sobre: lo que ocurre con los espacios comunes y las pertenencias en esta época actual, en la que las tecnologías y la imagen toman reconocido protagonismo. Explorar los lazos que ligan los encuentros a distancia. Del mismo modo los aspectos que se mantienen o modifican en la técnica. ¿Qué será lo que se privilegia en la psicoterapia a distancia? ¿Qué pasa con la transferencia y la implicación del analista en la psicoterapia a distancia?.


Estrechamente ligada al concepto de alteridad es importante recordar que este concepto implica el reconocimiento de la diferencia con el otro. Oficiando como constitutivo del vínculo el otro toma relevancia en la construcción de nuestra identidad, a través de la relación con el otro. (Carpintero, Hazaki, Vainer, 2022

 

Preguntas de investigación

Objetivo general y objetivos específicos
2.2.1 Objetivo general:
Comprender el vínculo que se produce en la psicoterapia a distancia.


2.2.2 Objetivos específicos:
1. Indagar y analizar las dimensiones del vínculo entre psicoterapeutas y consultantes que se produce en la psicoterapia a distancia.
2. Identificar aspectos de la técnica en el encuentro psicoterapéutico a distancia.

Obstáculos posibles
El estudio plantea las limitantes de la producción del conocimiento humano, tomando como tal, la elaboración propia en la investigación y los recortes necesarios a realizar tanto en la elección de la metodología como en la muestra, y el análisis de los datos. Si bien el marco teórico nos introduce en el campo de los vínculos, en esta investigación solamente se analizó la díada que representa el vínculo psicoterapéutico. Siendo la población objetivo consultantes individuales, la presente investigación no puede dar cuenta de lo que sucede en encuentros psicoterapéuticos con consultantes multipersonales, esto serían familias y parejas. Este propósito sería motivador para futuras investigaciones.

 

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